¿Cómo viajar con alergias alimentarias?
Por María Fernanda Ramírez – Marzo de 2020
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Roma, Tokio o Londres… ¡Qué difícil decisión! Tres ciudades fascinantes donde descubrir nuevas culturas, paisajes espectaculares, edificios emblemáticos, y quizás incluso, nuevas comidas.

Pero seamos sinceros, para los que viajamos con alergias alimentarias, no se trata solo de decidir entre un destino u otro. Hay siempre un condicionante que nos hará decantarnos más por uno que por otro: el miedo. Hablamos de miedo de no conocer el idioma y no poder comunicarnos si algo va mal, de no saber dónde podremos comer o qué podremos comer. En definitiva, un miedo que nos ha condicionado en la toma de muchas decisiones: haciéndonos renunciar a ese viaje que tanto te apetece, o tener decir que no a esa excursión con tus amigos. Pero algunas veces, el miedo a viajar por nuestras alergias alimentarias puede ser vencido con precaución, cautela y conocimiento.

Por ello, vamos a dejar nuestro miedo en casa, y a demostrarnos que detrás de esos temores por no controlar la situación, nos aguardan multitud de lugares repletos de nuevas experiencias por vivir, gritándonos que sí es posible viajar con alergias alimentarias, intolerancia o celiaquía.

 

Aquí te contamos las precauciones que tomamos para viajar con alergias alimentarias y cómo hacerlo de la manera más segura.

Antes del viaje

Es evidente que la principal decisión será saber a dónde viajar. Estos consejos te podrán ser útiles tanto si viajas dentro de España como si vas fuera. Al salir al extranjero, nosotros damos prioridad a los destinos europeos, ya que se rigen por la misma legislación sobre alérgenos.

Una vez decidido el destino, empezaremos a investigar sobre él y a tomar nuestras precauciones. Cuanto más informados estemos del lugar que vamos a visitar, mejor preparados para afrontar la aventura.

Infórmate. Realiza una primera búsqueda en internet sobre el manejo y la concienciación sobre alergias alimentarias en el lugar de destino. Recuerda que si el lugar de destino se encuentra dentro de la UE, se rige bajo el Reglamento 1169/2011, por lo que el etiquetado sobre alérgenos es prácticamente igual que en España. Si el país de destino no lo está, intenta informarte al máximo sobre el control que allí tienen de los alérgenos. Quizá puedas encontrar algún bloguero alérgico que cuente su experiencia, y apuntar sus recomendaciones.

Investiga sobre sus platos y productos. Busca acerca de las comidas típicas del destino, los ingredientes más comunes de su cocina y los procesos de cocción más usuales. De esta manera, si acudes a comer a un restaurante, tendrás una mejor idea de qué platos podrían ser más convenientes para ti, así como cuales deberás evitar. Lo que te permitirá también hacer preguntas más concisas y reducir posibles riesgos.

Localiza hospitales cercanos. Es importante tener localizados sobre un mapa, digital o físico, los hospitales en el destino. Especialmente, los más cercanos a nuestro alojamiento. Llevando apuntada su dirección y guardados los números de emergencia. Esto facilitará nuestra respuesta en caso de que algo no vaya bien, ya que cuanto más preparados, más seguros estaremos.

¡Lleva toda tu medicación! Recuerda llevar contigo todos tus medicamentos, e incluso una dosis extra para estar del todo seguros. Revisa su estado y fecha de caducidad, comprobando que estén en buenas condiciones. También es importante que añadas a tu lista de viaje tu último informe médico donde se reflejen tus alergias.

Tarjeta de alergia. Se trata de tener una tarjeta con tus restricciones alimentarias apuntadas. Esta sencilla herramienta facilitará la comunicación de nuestras alergias alimentarias en un restaurante. Si viajas al extranjero, prepara una tarjeta traducida al idioma del país que visites. Y, además, es recomendable que también lleves otra traducida al inglés.

Cuando tengas que explicar tus necesidades alimentarias en un restaurante, entrégasela al camarero y pide que la lleven a cocina. Así el mensaje llegara íntegramente a quien prepare tu comida.

Tranquilidad en el alojamiento. Nosotros te recomendamos alojarte en un lugar en el que dispongas de cocina, lo que te facilitará tener mayor control sobre tu comida. Plataformas como Airbnb te ayudarán a encontrarlo. Si es este el caso, puede ser útil llevar contigo un táper, ya que, en caso de tener una excursión o una actividad programada al día siguiente, podrías llevar tu comida preparada con antelación.

Aunque si optas por hospedarte en un hotel, es muy importante que hables con ellos antes de realizar la reserva. Indícales tus restricciones alimentarias con antelación y confirma que podrán dar respuesta a tus necesidades. Una vez estés allí, vuelve a verificarlo para que, llegado el momento de comer, no haya ningún problema.

 

Durante el trayecto

Informa a la compañía. Averigua si la empresa con la que viajas tiene algún protocolo ante alergias alimentarias. Tanto si sufres una alergia severa, para que no ofrecieran algún alimento a bordo, como si se tratase de un viaje donde dieran almuerzo, por si pudieran adaptarlo a tus necesidades.

Limpieza. Si presentas sensibilidad ante trazas, será mejor que tomes las máximas precauciones durante el trayecto, como pedir a algún acompañante que limpie tu asiento con una toallita, o tratar de evitar usar mantas que te dieran a bordo.

Lleva tus snacks. Asegúrate de llevar algo de comida que puedas consumir durante el trayecto. Especialmente si es un viaje largo, te convendrá llevar contigo un táper o un bocadillo. Tampoco está de más llevar provisiones como galletas, fruta, embutido o patatas que consumas habitualmente, y que, llegado el caso puedan solventar un imprevisto, evitándote pasar horas con el estómago vacío.

No te separes de tus medicamentos. Porta siempre tu medicación a mano contigo, incluso durante el desplazamiento. En un avión no deberían ponerte ningún problema por llevarlos a bordo. Pero por si fuera necesario, podrías tener contigo tu informe médico al que recurrir si hubiera alguna pega (aunque en principio, no hará falta).

 

En el destino

Al comer fuera, tu seguridad es lo primero. No importa si estáis agotados de andar o si el siguiente restaurante queda a varios minutos de donde estéis. Siempre pon tu seguridad por encima de todo. Si preguntáis en un restaurante donde no comprendan vuestras necesidades o no parezcan seguros de poder atenderos, es mejor salir y buscar un sitio nuevo.

Es evidente que, al salir, debemos mantener todas las precauciones para comer fuera de casa que tomamos en nuestra ciudad. Pero al estar de viaje, debemos ser especialmente flexibles para buscar una alternativa de confianza, aunque no sea la que más nos apeteciera. Opciones más seguras podrían ser: volver a un restaurante donde hayáis comido el día anterior, recurrir a una franquicia grande (cuyos procesos suelen estar bien estandarizados), pasar por una tienda o supermercado para comprar comida envasada, o picar algo y esperar a llegar al apartamento para comer. Al final, lo más importante es poder disfrutar al máximo de nuestro viaje, y que la comida no se convierta en un obstáculo.

Identifica puntos de interés. A parte de saber qué museos y monumentos visitar o qué actividades realizar, recuerda tener localizados los supermercados más cercanos. Esto te ayudará a salir de un apuro en caso de que no encuentres establecimientos seguros, o no lleves tu bocadillo.

Nociones básicas del idioma. Saber comunicar nuestras necesidades alimentarias en dicho idioma nos facilitará tanto ir a restaurantes, como informar a los servicios sanitarios, en caso de que sea necesario. No olvides llevar tu tarjeta de alergias en ese idioma, es una ayuda fundamental a la hora de comunicar nuestras alergias.

Igualmente, siempre puedes recurrir a las herramientas de traducción digitales, como las que ofrece Google. Con su aplicación de Traductor, podrás leer en tu idioma el etiquetado de un producto con solo una fotografía, o convertir un texto a voz en multitud de idiomas. Una herramienta muy práctica que requerirá, eso sí, que tengas acceso a internet en tu teléfono.

Lleva siempre contigo la medicación. No dejes nunca la medicación en casa, aunque no tengáis pensado ir a comer en esa salida. Es indispensable cargarla siempre para estar seguro. Además, informa a tus acompañantes dónde sueles llevarla y enséñales cuales son los pasos a seguir en caso de que algo no vaya bien. En esos momentos, cada segundo cuenta.

Con estos consejos, esperamos haber transmitido que, preparando el viaje y tomando precauciones, sí es posible viajar con alergias alimentarias. Y vosotros, ¿qué más aprendizajes os habéis llevado de vuestros viajes? ¡Contadnos en los comentarios vuestros propios consejos y experiencias viajando!

¡Que nuestras limitaciones no nos detengan!

María Fernanda Ramírez
María Fernanda Ramírez

Creadora de Applergy. Apasionada de la comida, los viajes, y de conocer nuevos lugares.

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